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Nuestro Fundador

Biografía de Francisco Palau y Quer
(Fundador de las Carmelitas misioneras)

En Aytona, en la provincia catalana de Lérida nace, el 29 de diciembre de 1811, Francisco Palau y Quer. Su infancia está marcada por un deseo, dar un sentido válido a su vida.

A los diecisiete años comienza los estudios de filosofía y teología en el seminario de Lérida. Busca, por medio de los estudios y la oración, aquello que llene su capacidad de amar. Se entrega hasta el fondo, fiel a la búsqueda del plan de Dios en él.

Corre el año1832, Francisco Palau tiene veintiún años. Hace una opción y entra en el Carmelo Teresiano. En todo momento se muestra libre para seguir las exigencias de su corazón.

En 1835 la trágica revolución le obliga a salir de su convento ya que éste es incendiado. Ni las persecuciones, ni las calumnias, ni los conflictos políticos fueron capaces de impedir su fidelidad y entrega.

En esta situación, fuera del convento, el 2 de abril de 1836 es ordenado sacerdote en Barbastro (Huesca).

Los azares políticos que se producen en nuestro país le llevan al exilio en Francia de los 29 a los 40 años. Allí hace vida solitaria y vive en comunión con la Iglesia perseguida. Necesita buscar el rostro de Dios. Descubrir el misterio de la Iglesia. Dar sentido a los acontecimientos.

Su estilo de vida atrae a hombres y mujeres que hacen camino con él. Les muestra las huellas de Dios.

Al regresar a España, en 1851, funda la “Escuela de la Virtud”, la obra catequética de adultos más importante de la Cataluña del s. XIX. Tres años después de su fundación, ésta es suprimida injustamente y él, confinado a Ibiza. Pero Francisco Palau convierte la piedra de su exilio en altavoz para evangelizar la isla.

En 1860, predicando en Menorca, vive una profunda experiencia de Iglesia y funda la Congregación de las Hermanas Carmelitas Misioneras.

Liberado de su exilio en Ibiza se dedica a la predicación del Evangelio y a la atención de enfermos psíquicos y marginados de la sociedad. Su única meta: Dios y Amar.

20 de marzo de 1872, Francisco Palau tiene 61 años, la muerte le sorprende en Tarragona al servicio de los más necesitados.

Juana Gratias, inseparable compañera fundacional, testimonio fiel de su intensa vida espiritual y misión apostólica, recoge el testigo y transmite, vivo y operante, el legado espiritual de su padre y maestro.

La herencia está clara: servid a todos sin condiciones y siempre.